Un GPS solo sirve si sabes adónde quieres ir.
En la consultoría filosófica examinamos tus creencias: las carreteras por las que circulan tus pensamientos, para ver si te llevan a buen sitio. Si no es el caso, buscamos otros mapas mentales por los que puedas decidir tú, consciente y libremente.
Con esa claridad eliges las acciones, y las acciones se vuelven resultados. Con el tiempo cambia la forma de actuar, y después los hábitos. Hasta que algo por dentro dice: ha llegado a su destino.
Tres formas de trabajar
Elige por dónde empezar
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Asesoramiento personal
- Uno a uno, en sesiones de unos 45 minutos. Para decisiones vitales, conflictos que se repiten o dudas sobre el sentido de lo que haces.
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Charlas formativas
- Cafés y grupos filosóficos para organizaciones, escuelas y colectivos. Pensar en común, sin imposición de ideas.
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Empresas y organizaciones
- Para el equipo directivo o para toda la plantilla: conflictos internos, decisiones difíciles y coherencia entre lo que la empresa dice y lo que hace.
Cómo se trabaja
Metodología
Cada consulta respeta la individualidad de quien la trae. El diálogo y la reflexión son el método, y el punto de partida siempre es tu asunto concreto.
Partimos de hechos, no de abstracciones
El asunto se aborda desde lo objetivo: escuchamos tu experiencia concreta, tus pensamientos y tus sentimientos. Después situamos el problema en perspectiva, con todos los puntos de vista posibles sobre la mesa.
En lugar de perdernos en teoría, miramos cómo los principios filosóficos se aplican a decisiones reales. De ahí sale una forma de pensar más crítica, que sirve luego para lo siguiente.
Si hay terceros, se les respeta
Cuando en el problema hay otras personas implicadas, se tienen en cuenta: su parte en lo que ocurre y su lugar en las soluciones, ahora y en consultas futuras.
Dónde están los límites
No tratamos desórdenes ni trastornos psíquicos o psiquiátricos. Ese no es nuestro campo; el nuestro es la filosofía aplicada a la vida de todos los días. Cuando aparece algo que pide atención clínica, se deriva a los profesionales correspondientes.
La filosofía aplicada puede ayudar a mejorar o mitigar situaciones asociadas a esas circunstancias, pero no sustituye en ningún caso el tratamiento clínico. Y cuando el asesoramiento detecta que su alcance no basta, lo dice y deriva.
Fuente: César A. Castillo / confilosofia.es © 2023
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