De niño, en América, tenía un profesor con una respuesta invariable a cualquier pregunta difícil: «en gerundio». Al principio no entendía qué quería decir. Busqué en el diccionario: el gerundio expresa una acción en curso, algo que está ocurriendo. Cuando volví a preguntarle, él simplemente añadió: «pues haciéndolo».
Esa respuesta lleva décadas acompañándome. Y con el tiempo he llegado a pensar que encierra una de las claves más importantes del crecimiento personal: no se aprende a aprender antes de empezar, sino mientras se empieza.
¿Qué significa realmente aprender a aprender?
La expresión «aprender a aprender» se ha convertido en un eslogan educativo tan repetido que ha perdido fuerza. Se asocia a técnicas de memorización, mapas mentales o hábitos de estudio. Pero hay una dimensión más profunda que rara vez se menciona: aprender a aprender es, ante todo, una actitud filosófica ante la vida.
Implica reconocer que no lo sabes todo. Que lo que crees saber puede estar limitándote. Que la forma en que interpretas lo que te ocurre —tus relaciones, tus fracasos, tus decisiones— no es la única forma posible de interpretarlo.
Sócrates lo formuló hace veinticinco siglos con una frase que sigue siendo incómoda: «Solo sé que no sé nada». No era una confesión de ignorancia. Era el punto de partida de todo aprendizaje real.
Por qué nos cuesta tanto aprender de verdad
Si aprender es tan valioso, ¿por qué lo postergamos? ¿Por qué seguimos repitiendo los mismos patrones aunque sepamos que no nos funcionan?
La filosofía tiene respuestas que la psicología del rendimiento a menudo no alcanza. No siempre es cuestión de motivación o fuerza de voluntad. A veces es algo más fundamental: el miedo a descubrir que hemos estado equivocados.
Aprender de verdad supone estar dispuesto a cuestionar lo que uno ya cree. Y eso duele. Significa revisar decisiones pasadas, releer experiencias con ojos distintos, soltar certezas que nos daban seguridad aunque fueran falsas.
Hay otros obstáculos igual de reales:
- El peso del pasado. Experiencias previas de fracaso o humillación que asociamos al acto de intentar algo nuevo.
- La parálisis del análisis. Pensar tanto que nunca se empieza. Esperar el momento perfecto que nunca llega.
- La comparación constante. Medir el propio proceso con el resultado visible de los demás.
- La confusión entre información y comprensión. Acumular datos, libros o cursos sin integrar nada en la propia experiencia.
El gerundio como filosofía de vida
Volvamos al gerundio. En gramática, expresa una acción en desarrollo: estoy aprendiendo, voy creciendo, sigo intentándolo. No dice «aprendí» ni «aprenderé». Dice que algo está ocurriendo ahora.
Esta distinción no es trivial. Vivimos en una cultura obsesionada con los resultados: el título obtenido, el logro alcanzado, el objetivo cumplido. Pero el crecimiento personal auténtico no funciona así. No es un destino al que se llega. Es un proceso que se habita.
Desde la filosofía práctica, aprender a aprender no es una competencia que se adquiere. Es una disposición que se cultiva: la curiosidad como hábito, la pregunta como herramienta, la incomodidad como señal de que algo importante está ocurriendo.
Tres claves filosóficas para aprender a aprender
1. Pregunta antes de responder
El primer movimiento del aprendizaje filosófico no es dar respuestas, sino formular mejores preguntas. Antes de buscar soluciones, conviene examinar si el problema está bien planteado. Muchas veces nos quedamos atascados no porque no tengamos respuestas, sino porque llevamos años haciéndonos las preguntas equivocadas.
¿Qué pregunta lleva más tiempo sin respuesta en tu vida? ¿Estás seguro de que esa es la pregunta correcta?
2. Distingue entre saber y comprender
Puedes saber que el miedo al fracaso te paraliza. Puedes haberlo leído en diez libros de autoayuda. Pero si esa información no ha cambiado nada en tu comportamiento, no lo has comprendido: solo lo sabes.
La comprensión es la forma de conocimiento que transforma. Y para llegar a ella no siempre basta con leer o escuchar. A veces hace falta un espacio de diálogo —con otro o con uno mismo— donde las ideas dejen de ser abstractas y se vuelvan propias.
3. Empieza antes de estar listo
La lección del gerundio: no se aprende a nadar en la orilla. No se aprende a hablar en público estudiando retórica. No se aprende a tomar decisiones difíciles evitándolas.
El momento de empezar siempre tiene algo de imperfecto, de inseguro, de incompleto. Eso no es un obstáculo: es la condición de todo aprendizaje real. La preparación excesiva es, la mayoría de las veces, otra forma de postergar.
Aprender a aprender en el asesoramiento filosófico
En el contexto del asesoramiento filosófico personal, este proceso adquiere una dimensión especial. No se trata de adquirir nuevos conocimientos teóricos, sino de revisar la forma en que uno se relaciona con su propia experiencia.
Muchas personas llegan a la consulta filosófica después de años de terapia, de cursos de desarrollo personal, de lecturas de autoconocimiento. Han acumulado mucho saber. Pero algo no termina de encajar. La distancia entre lo que saben y cómo viven sigue siendo enorme.
El diálogo filosófico trabaja precisamente en ese espacio. No añade más información. Ayuda a examinar qué está impidiendo que lo que ya se sabe se convierta en comprensión real, en cambio genuino.
Porque aprender a aprender, en última instancia, es aprender a ser de otra manera. Y eso solo ocurre en gerundio: mientras se hace, mientras se intenta, mientras se vive.
¿Quieres explorar cómo aprendes a aprender?
Si algo de lo que has leído ha resonado contigo, quizás sea el momento de dedicar un espacio a examinar cómo te relacionas con tu propio proceso de crecimiento. En Confilosofia.es ofrecemos sesiones de asesoramiento filosófico presenciales en Valencia y online. La primera sesión es gratuita.
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Pienso que sólo cuando ves puedes actuar. Si actuas sin ver, puedes, al ir dando palos de ciego, sacar algún sonido a la flauta, mas, ¿sirvió de algo? mucho me temo que no, y por eso hay tantas personas perdidas en un mar de propuestas, pero que no ahondan en lo esencial que es tomar conciencia de que es aquello que estoy haciendo mal. Pero bueno, es mi visión…
Saludos cordiales y un abrazo
Buenas Haideé:Hola Gregorio;
Muy buena tu aportación política; sí los romanos tenían algo parecido; y los griegos quizás mejor; por ello incialmente se llamaba demos=pueblo y cratos=poder, pues era el pueblo y ciudadanos normales escogidos al azar quién tenían algún tipo de voto en las asambleas…
Respecto a lo segundo me refiero a la dificultad de no sólo verlo, sino sobre todo el actuarlo, que mi propuesta es el «actuando», como apunta Gregorio.
Creo que en el nuevo Post también se habla sobre la capacidad de decisión que tienes los otros sobre lo más íntimo de nosotros.
Cuídate y no pases frío.
Y a la pregunta: esa llave puede estar en el momento en el que te das cuenta de que tienes miedo a la libertad que supone, ser dueño de tus decisiones. Pero sólo es una.
Hoy paseando con mi padre precisamente hablabamos de esto, a nivel político, estamos demasiado acostumbrados a dejar en manos de los que votamos (paradojicamente, ya que la primera frase es: el poder emana del pueblo), contruyendo así una muralla entre lo que he votado y lo que luego hacen aquellos a quienes he votado. Generar más participación, asumir que tenemos voz y voto, pero evidentemente no sólo hacia afuera, sino hacia adentro, con nosotros mismos, asumiendo que podemos ser los gestores de nuestra vida, no poniendola siempre en manos de los demás. Recuerdo haber leido en una historia de Roma, que la democracía consistia en una reunión del pueblo,(bueno, donde había esclavos, poco pueblo era), pero para el caso… ellos decidian en asamblea lo que había que hacer y luego se elegía a un portavoz que era el que hablaba en nombre de… no por… como sucede en una sociedad en la que uno no asume sus responsabilidades. Y redundando en ello, si no hay responsabilidad no hay madurez, no hay libertad…lo más parecido socialmente a responsabilidad, son las asociaciones, un modo de asumir que puedes formar parte del Estado, y no pisado por él, ese Estado (simbólico) también pueden ser los padres, amigos, profesores, etc.
Bueno, ya me callo 🙂
Un abrazo
Aprehendo el problema y aprendo de él. Sí, es fundamental identificarlo, ponerle nombre, definirlo con claridad para poder manejarlo. Se maneja mejor un cristal que un líquido.
Buenos días Gregorio:
Efectivamente, a veces creo que debemos animarnos a tomar las riendas de nuestras propias decisiones, de nuestros pensamientos, de nuestros actuares… pues de otra manera, como dices, -«estaremos siempre a expensas de que otro lo haga»-, dígase pensamientos, sentimientos, hábitos…
También opino que es otro de las cualidades del Asesoramiento: la liberación que produce de tus problemas cuando logras descubrirlos y encauzarlos…
Gracias como siempre.
Por el contexto no lo aclara, cuando hablé de que «las respuestas tranquilizan» lo hacía en referencia a las respuestas que nos dan, no a las que elaboramos nosotros mismos. Eso es lo que comentas, César, cuando «os anime frecuentemente a dar respuesta…», que es otra forma de decir que «hay que atreverse a… dar una respuesta». A ese acto solemos ponerle un nombre: asumir responsabilidades, entendida la responsabilidad en su sentido amplio de «capacidad para responder», no a la que se limita a ser sinónimo de ‘culpa’ o de ‘obligación’.
No ver la responsabilidad como una carga, como una imposición desde fuera. Y dejarla penetrar y que actúe en nosotros. A veces podremos responder y a veces no -no se trata de hacerlo siempre y bajo toda circunstancia-, pero asumiéndola siempre cabrá la posibilidad de hacerlo. Si no se asume estaremos siempre a expensas de que otro lo haga y, por ende, dependeremos de ese otro. Algo que puede ser muy cómodo para ciertas cuestiones, pero cuando nos jugamos algo importante esa «delegación de responsabilidad» se convierte en auténtica dejación de funciones. Y nos volvemos torpes.
Pues sí, Gregorio; a veces se cumple aquello de las Escrituras «que hay que volver a ser como niños» para a-prender muchas cosas, como el plantearnos nuestro modo de ver y hacer la filosofía.
Otro tema es el que os anime frecuentemente a dar respuesta a nuestros problemas ordinarios o extraordinarios… creo que es uno de los objetivos del Asesoramiento Filosófico…
Saludando en esta fría mañana de Otoño…
En estos momentos estoy leyendo algunos textos introductorios sobre «didáctica filosófica» o, en otras palabras, «aprender a filosofar». Y no es sólo aplicable a nuestros vástagos. Es muy, pero que muy recomendable para los mayores. Parece que hemos perdido la capacidad para preguntarnos (y, muchas veces, asombrarnos), y «en preguntando» se filosofa que dirían los mayores de mi pueblo.
Las respuestas tranquilizan, mientras que las preguntas y el ponerse en cuestión (primero y necesario para cuestionar el mundo) incomodan. Pero, como suele decir César frecuentemente en sus entradas, hay que atreverse a cuestionarse, hay que atreverse a entrar en terrenos pantanosos, hay que atreverse a salir de vez en cuando del confortable territorio de la seguridad que aporta una respuesta.
Y atreviéndose se abre un mundo nuevo.
Probándolo, saboreándolo, siéndolo.
Jesús: pues Gregorio tiene aportaciones estelares.
Sabes que eres bien venido siempre es esta casa y como siempre: a seguir progresando… Saludos.
Buenas tardes Cesar, hacia tiempo que no entraba en tu casa.
Hoy, despues de esta buena recomendacion, estoy de acuerdo con el Sr. Samsa, Leyendo, aprendiendo y luego y siempre haciendo, que es lo mismo, (para mi) que «andando».
Me voy Saludando.
Jesus
Gregorio: como siempre inteligentes tus aportaciones y hoy concisa.
Leyendo y aprendiendo.
Andando.
Muy graciosa tu aportación Deva: a esos gerundios negativos hay que sumarles otro negativo: No vagueando… es científico: Negativo+Negativo = Positivo.
A veces tenemos que negarnos a nosotros mismos, también repetitívamente para quitar esos hábitos…
Gracias a ti por leernos.
N.B. Importante: también es sano a veces el gerundio «descansando, perreando…», según las circunstancias.
Pues sí Chencho: tu aportación es lúcida, aunque para muchas personas les parece una Montaña el tener que dar ese primer paso, empezar a caminar, mantenerse en la senda y finalmente…llegar a la cima.. y es eso a lo que me he querido referir.
Que a veces es más dífícil de lo que parece, pero que hemos de animarnos a hacerlo fácil a aprender a prescindir de esas malas experiencias, recuerdos, situaciones… gracias por tu testimonio.
Haciendo,andando,viviendo,aprendiendo,motivando;todos gerundios necesarios, presos de otros que te atrapan:temiendo,vagueando,soportando,dudando,olvidando,aburriendo,desmotivando.
Graciaspor el post.Un saludo!!
Vayeciyos: así es, muchas veces necesitamos sólo casi saltar el pensamiento ése que nos impide hacer lo bueno que la mente nos pide y pide…
Esperemos que siga el buen clima por Sierra Nevada…
Haideé: lo difícil es atreverse a coger esas llaves para poder salir de la cárcel de la mente, -como acertadamente la llamas-… ¿Dónde está ese paso o ese momento? Y, ¿cómo lo descubrimos y accionamos ese botón para que encienda la acción? Un saludo como siempre.
Aprender haciendo, no hay otra forma. No tener miedo a fallar, a cometer errores, para aprender hay que lanzarse.
Saludos.
Muy interesante y sobre todo muy inspirador.
un abrazo!
PD: Pensé «¿Escribo un comentario?… escribiendo que es gerundio…»
Has puesto el dedo en la llaga…tal cual… no es lo mismo decir que hacer… bien lo saben aquellos que lo intentan una y otra vez y no lo consiguen… y se preguntan una y mil veces por qué… la carcel de la mente…
Un cordial saludo 🙂
Hola,
La línea de tu reflexión tiene mucho que ver con el propósito de mi blog. Me propuse abrir un blog sobre todo para "practicar", es decir para actuar y hacer algo con toda la información que tenía. El gerundio también se adapta muy bien a esta idea.
Soy filósofa y estoy haciendo mis pinitos en el asesoramiento filosófico, aunque intento no cerrarme y aplicar otras herramientas.
Echa un vistazo a mi blog si te apetece.
Un saludo,
Mª Ángeles